4/8/16

Ivica Djikić


La sociedad de «La repetición»
Por Edgar Borges


Como por arte de magia, la ambición de ser diferente, de vivir su propia vida, se esfumó en Iko Kelava. Como una matrioska se había desmontado a sí mismo para llegar a ser tan pequeño como la última de las muñecas, para encajar en la masa uniforme, para pertenecer al grupo, porque durante la guerra tan solo pertenecer al grupo garantiza una aparente protección e Iko no estaba solo, sino que tenía mujer, dos hijos, un padre y una tía. Quién sabe a qué pudieron obligarle para poner a prueba su pertenencia y lealtad... 

La repetición, Ivica Djikić
Traducción de Maja Drnda y Christian Martí.


Published: By: Analecta Literaria - 15:36

4/7/16

Peter Handke


La experiencia literaria 
en la obra de Handke


Edgar Borges


Lectura: Sésamo en el pecho, ábrete



La experiencia literaria en la obra de Peter Handke (Griffen, Austria, 1942) no es la fórmula del contar por contar. Y esto cobra significado no porque relatar sea contrario a la importancia de una obra artística, sino porque estamos en un ciclo donde las noticias y la vida íntima de las personas se expanden en forma de relato uniforme. ¿Cómo no reconocer la valentía de un escritor que asume la narrativa como un instrumento para llegar a un estado superior a donde puede aspirar la condición humana?  Una sensación no está completa hasta que es una imagen. Am Felsfenster morgens.

Eustaquio Barjau, traductor de buena parte de la obra de Peter Handke al español, nos dice que “las historias, suelen tener un cierre: ya ha terminado lo que queríamos contar, ya no se cuenta nada más. Suelen tener también intenciones concretas; esto es muchas veces lo que determina el cierre y lo que define los distintos tipos de narración: el apólogo, la parábola, el mito-como historia explicativa, o explicación por medio de una historia-o incluso también la historia como narración de lo ¿importante? acontecido, para que no volvamos a incurrir en los errores del pasado.”  

El sentido del peso del tacto es uno de los sentidos que nos ha violado el poder. Dice Handke: “Tocar la nuca calentita de un bebé, eso no tiene receta, es un paraíso no programado por nadie”. Y es a ese paraíso-en un sentido superior al dogma religioso_, al que nos eleva la experiencia literaria en la narrativa de Handke. Estamos en un ciclo histórico que nos invita a dos extremos: la vulgarización de  la existencia o el correctismo de las opiniones. Como si hubiera que resignarse a asistir al concepto cerrado de “una realidad” mediocre. La sociedad mundial es la que cuentan las noticias y la que la mayoría reproduce en las redes virtuales. Sólo se acredita “una realidad central” y las versiones que de ella se desprenden. El molde de esa realidad ha tocado techo y gira en torno a su esquema. He ahí cuando la obra de Handke toma un matiz político. Es una actitud política escribir-hoy-sobre el acceso a una imagen (humanamente sagrada) superior a las cinco normas disfrazadas de circunstancias por las élites que diseñan la cultura (la realidad).

Published: By: Analecta Literaria - 17:20

8/5/15

Blaga Dimitrova


Blaga Dimitrova:
Poesía frente a la entropía

Zhivka Baltadzhieva 
Universidad Complutense de Madrid





¿Que desgracia más tendría que acontecer,
para que por fin llegásemos a sentirnos un todo global humano?
Blaga Dimitrova, última entrevista




En un encuentro en el Ateneo de Madrid a la pregunta: «¿Cuál ha sido en su opinión la mayor desgracia vivida por la humanidad?», Borges contestó: «La revolución de Octubre, que dividió la humanidad en dos, y cada una encerró en su cárcel». Todavía sigue en mí el temblor terrorífico con el que vibraba y resonaba esta respuesta, tan inmediata y tan pensada.

Vine a España el otoño del 1983. Ni siquiera hablaba español, pero escritores y artistas españoles me tenían imantada. Eran parte de mí que ansiaba regresar a sí misma, aventurándome en un territorio otro, el territorio del otro. No me daba cuenta de que la dirección desconocida y otra era mi propio ser, mi forma de percibir, de expresar el mundo y la existencia. En estos años he aprendido. Mi inquietud ha crecido. Y la angustia. No sé si podré expresar mis intuiciones, y en qué  idioma. Pero basta con vivir el mestizaje camino de un nuevo pensar. Vivir el resurgimiento de Europa, la que ve de lejos. La que parte ahora en la difícil misión de incorporarse la perspectiva del otro y de lo otro, a abrir su herencia a la innovación, no tornarla un museo en el mundo globalizado de lo virtual.

En este mundo nuestro, gobernado por el discurso, la dispersión de las ideas y el imperativo moderno que exige borrar las huellas, la palabra poética, con su memoria y sus presentimientos, con sus sombras y oscuridades, con su luz de luciérnaga en la noche cerrada, con su sol que arde sin tregua a pesar de la muerte, en su eterno viaje al descubrimiento de lo otro, sigue siendo la morada de nuestro ser esencial, el espacio donde somos, donde el espíritu humano se asoma a la libertad, la autosuperación y la permanencia. Donde la memoria y la imaginación, exteriorizadas en el lenguaje, arden en la vida única de la conciencia en expansión, por encima de los inexpugnables límites del espacio – tiempo (Canetti).

Mi propósito era crear una imagen del proceso de anulación de la entropía del espíritu humano a través de una lectura de los poemas de la escritora búlgara Blaga Dimitrova. Descifrar en breve su relación con la tradición, el presente, el futuro. Señalar el diálogo de fondo que mantiene con la obra de autores clásicos universales: Homero, Ovidio, Dante, Cervantes, Sheakspeare, Goethe, Gogol… 

Con poetas del canon búlgaro como Constantino Cirilo el Filósofo, Botev, K. Hristov, P. Slaveikov, Yavorov, Debelianov, Liliev, Bagriana. Sistematizar las búsquedas expresivas y filosóficas que la unen a las indagaciones y las intuiciones del s. XX de la poesía. Situarla en el proceso de transfusión y transmisión de los mejores a los mejores, que es la literatura (Herrera). Pues, su texto ofrece una imagen muy definida de cómo la palabra poética actúa contra las tendencias de dispersión. Cómo el resonar de la palabra hecha propia la integra en el espacio entre el tiempo y la eternidad que es la poesía… Imposible en unas páginas contadas. Me queda trazar en líneas generales algo del proceso en el que desde el inquietante sentir de que «el futuro hecho es la muerte» (principio de incertidumbre de la física cuántica), la palabra poética la rescata a ella misma del vacuo de la doctrina. Cómo sus versos líricos e intimistas intuyen que «la deserción de la estética es la metáfora de la represión, que toda certeza muta fácilmente en violencia». Cómo su estilo, antirretórica y sintético-reflexivo, formado por la voluntad de ir hacia la alteridad, y su visión de la condición humana, ajena al triunfalismo de las utopías, llevan su poesía a la intemperie de unos páramos donde la tradición funciona como novedad en el abrazo del deseo de unir lo cercenado.

Published: By: Analecta Literaria - 17:00

18/4/15

Zhivka Baltadzhieva




Ivánushka el tonto 

y el Dragón Violencia

Mi humilde homenaje a Lev Nikolaievich Tolstoi

Zhivka Baltadzhieva





Todo existe porque amo. No podía encontrar
placer en la vida, sabiendo que existen la vejez,
el sufrimiento y la muerte.
L. N. Tolstói

La razón no me ha enseñado nada. Todo lo que yo sé
me ha sido dado por el corazón.
L. N. Tolstói

¿Qué es el bien? No es más que amor.
L. N. Tolstói


Para el lector español la editorial Siruela ha recopilado hace tiempo  27 de los mejores cuentos contados por Lev Nikolaievich. Entre estos hay uno, muy, pero que muy especial. Se titula “Iván(ushka) el Tonto”. 

La historia de Ivánushka viene de lejos, de antaño, muy de antaño. Protagoniza cientos de cuentos de todo tipo: mágicos, satíricos, costumbristas, historias de risa y de llanto y miles de anécdotas. El folclore, la creación popular, le sitúa en un lugar muy central de nuestra memoria, nuestro imaginario y nuestra visión del mundo. La bondad se confunde con la simpleza en este personaje que hace el bien a diestro y siniestro ante el regocijo de los burlones y la traición de los avariciosos, dice la reseña de la editorial. 

Debo reconocer, y que quede entre nosotros, por favor, que desde que tuve mi primera relación con el texto Tolstói, que era un encuentro con estos mismo cuentos exactamente, a pesar de todos los retratos que nos traen obstinados la canonizada majestuosa imagen de un hombre de edad avanzada, demacrado rostro sereno y barba larga y blanca, no he podido imaginármelo nunca si no como el rubito Ivánushka de los ojos centelleantes y las mejillas rosadas que nos sonríe desde las páginas de las ediciones para niños de los cuentos populares. 

Ivánushka. El héroe antihéroe del mágico cuento popular “El dragón de tres cabezas y la manzana de oro”. El hermano menor cuyo amor e ingenua bondad  vencen no únicamente al dragón, símbolo de la aniquilación, sino también las trampas de la avaricia,  la maldad, la envidia, el egoísmo, la traición y salvan nada menos que la existencia misma, la vida, esa manzana de oro que ilumina la noche del universo. 

Published: By: Analecta Literaria - 18:05

12/10/14

Agustín Calmet



Los Sobrenaturales Depredadores de la Razón 
A propósito de la epidemia vampírica del siglo XVIII
y el imaginario del vampiro en Europa Oriental y Occidental.

Fernando Jorge Soto Roland*



PRÓLOGO


El miedo, la inseguridad que lo produce y las crisis económicas, sociales o políticas, suelen parir monstruos.

A nada de esto es ajeno el siglo XXI, natural prolongación de una centuria que fue testigo de los escándalos éticos más hipócritas y aberrantes que hayamos registrado; y, como es lógico, nada bueno pudo derivarse de todo aquello, muy a pesar de los enormes avances tecnológicos alcanzados en algunas partes del llamado “mundo civilizado”.

Los viejos demonios del hombre, esos que surgieron en las antiguas cuevas del paleolítico, sobrevivieron con fuerza inusitada, recreando un complejo panorama cultural, enredado e interesante, en el que el imperio de los ordenadores, las tablets y la telefonía celular de última generación, el wifi y la Internet, no desplazaron del todo a la magia ni a la brujería. 

El más acabado irracionalismo convive con el pensamiento académico-técnico más serio, entreverándose y desdibujando lo que por un tiempo fue la nítida frontera que separaba la realidad de la ficción. Siempre ha sido así. Lo que sucede es que hay momentos en que lo sobrenatural tiene más prensa que en otros, consiguiendo de esa forma instalarse en el imaginario colectivo con la misma fuerza con que se instala la existencia de un árbol o una cerro.

Hoy debilitado, el racionalismo deja caer, allá y acá, el muro de contención que nos aislaba de las maravillas; y lo que es peor todavía, aúna sus fuerzas con su principal enemigo racionalizando lo irracional a través de los medios tecnológicos que, al menos en teoría, deberían permitir una medición, control y lectura más acabada del mundo.1

La necesaria cuota de trascendencia y misterio que muchos sueñan alcanzar es una muestra, no demasiado evidente a primera vista, de una época que desea y requiere apartarse del desangelado y materialista universo que construimos desde la Ilustración del siglo XVIII. Como entonces, las enfermedades, el hambre, la injusticia y la ignorancia que sufren legiones de personas, las guerras, los desplazamientos forzados, el renovado racismo y los malditos estereotipos que se derivan de todo ello, retroalimentan actitudes y situaciones que los historiadores hemos visto y estudiado en el pasado (remoto y no tan remoto).

El propósito de este trabajo es analizar la famosa epidemia vampírica que se desató en Europa oriental (y por contagio, también en la occidental) durante el siglo XVIII; rescatando las semejanzas que existen con la actualidad, al tiempo de revelar la “larga duración” de las mentalidades, detectando ese sustrato profundo y casi inalterable que las sociedades arrastran a lo largo del tiempo.

Acercarse a la epidemia de vampiros que se dio en pleno Iluminismo es también encontrar el origen (occidental al menos) del mito más extendido y lucrativo de los siglos XIX y XX: el de los muertos-vivos bebedores de sangre.
    
Muchas cosas han cambiado. No hay duda de ello. Pero las permanencias sorprenden. Y eso es lo que pretendo que el lector detecte en las páginas siguientes.

Encaro, por fin, una deuda personal pendiente con los seres que más me aterrorizaron durante la infancia: los vampiros.

   
Buenos Aires, Argentina
Julio 2014

Published: By: Analecta Literaria - 02:52

9/12/13

Paul Celan


PAUL CELAN:
Logos, lenguaje y  notas sobre los límites 
de la traducción poética
 
Alejandro Drewes
Universidad Nacional de San Martín


Acerca de la recepción de la obra poética de Paul Celan en el medio literario  germano e hispanoamericano

En forma característica, tanto las versiones castellanas de la obra poética de Paul Celan en lengua alemana como las traducciones de  los principales  estudios críticos en alemán acerca de la trama compleja de producción y sentido de la obra del gran poeta rumano han sido tardías y, como veremos luego, en algunos casos discutibles en cuanto a su calidad;  y en otros, orientadas a intentos de situar el contexto de sentido de la poética celaniana en línea con la postura de los especialistas en relación con determinadas tradiciones e ideologías. A esta situación no han sido ajenas por cierto las polémicas generadas en los espacios de debate filosóficos y de crítica literaria en lengua alemana, a partir de  los distintos programas hermenéuticos aplicados al análisis de la obra, que cubren el amplio abanico que media por ejemplo entre la lectura de H.-G. Gadamer en Poema y diálogo (Barcelona, GEDISA, 2004) y la de George Steiner  en La poesía del pensamiento. Del helenismo a Celan (Madrid, Siruela, 2012); este último, a modo de conclusión sobre su punto de vista del dialogo entre Heidegger y Celan, apunta lo siguiente:
«El pensamiento filosófico soberano, la poesía soberana, uno al lado de la otra, en un silencio infinitamente significativo, pero también inexplicable».

situándose en lo que, compartiendo el punto de vista de Jorge Carrión en http://jorgecarrion.com/2013/02/05/paul-celan-y-las-lecturas-indignantes/, podemos entender más bien como una renuncia implícita a un intento de comprensión de la obra y a una necesaria toma de distancia de los propios presupuestos ideológicos.

Published: By: Analecta Literaria - 17:00

5/5/13

Eugen Dorcescu




Eugen Dorcescu, 
entre la esencia 
y la existencia*

Andrés Sánchez Robayna
Universidad de La Laguna [Tenerife]



Lo primero que habría que decir, ante un libro tan peculiar como el que el lector tiene ahora entre sus manos, es que no hay que dejarse llevar por lo que el título —tan atrayente en su simplicidad— parecería indicarnos en primera instancia. Poemas del Viejo, en efecto, remite en seguida, aparentemente, a versos que se escriben en la etapa final de una vida, y que pueden abordar temas muy heterogéneos. Versos de ese tipo —quiero decir, versos correspondientes a esa fase última de la vida, y de temática muy variada— los escribieron Lope de Vega y John Donne, Goethe y Victor Hugo, Giuseppe Ungaretti y Jorge Guillén. A la etapa final de Lope, por ejemplo, se le ha querido dar el nombre de «ciclo de senectute», por más que en él no todo fueran actitudes ascéticas y meditatio mortis: también hubo espacio y tiempo para el juego, la risa, la parodia. Si pensamos, por el contrario, en Ungaretti y su libro de 1960 Il taccuino del vecchio, lo que observamos es el conjunto de las obsesiones que ya conocíamos en libros anteriores del poeta italiano, ahora bajo la «mordedura» (l’addentare) del tiempo y sus estragos. «Yo creo —escribió Ungaretti— que en la poesía de la vejez no se da la frescura, la ilusión de la juventud, pero creo que se da una suma tal de experiencia que se llega —y no siempre se llega— a encontrar la palabra necesaria, se consigue la poesía más alta.» Pero los temas del taccuino, reconozcámoslo, seguían siendo muy variados: la soledad, el dolor, el corazón que aún ama.

Published: By: Analecta Literaria - 20:36

29/4/13

Percy Harrison Fawcett




Percy Harrison Fawcett
Sus expediciones, sus mentiras y 
El Mundo Perdido de Arthur Conan Doyle

Fernando Jorge Soto Roland
Universidad Nacional de Mar del Plata
    
    
    
Percy Harrison Fawcett (1867–1925), inglés, miembro de la Real Sociedad Geográfica, topólogo y militar del ejército británico, personifica, como ningún otro, al prototipo del explorador romántico de fines del siglo XIX y principios del XX. Entre 1906 y 1925 (año en que desapareció) organizó variadas expediciones al “Infierno Verde” amazónico para actuar como árbitro en los conflictos limítrofes suscitados entre Bolivia, Perú y Brasil. Agudo en sus observaciones, Fawcett estableció con pericia los límites político de dichos Estados, internándose y explorando regiones por las cuales pocos occidentales habían dejado sus huellas. Si bien cronológicamente sus viajes se practicaron a inicios del siglo XX, debemos dejar por sentado que su espíritu, motivaciones y valores fueron claramente decimonónicos. Fawcett fue un hombre del siglo XIX, hijo del imperialismo inglés y del expansionismo europeo sobre suelo americano. Su función, como árbitro entre Estado soberanos de Ibero América, perseguía un objetivo que él mismo dejara por escrito en su obra A Través de la Selva Amazónica: ”aumentar el prestigio inglés en la zona”1.Y es que Inglaterra se veía sumamente interesada en mantener su presencia en la región a causa de un producto que por sí solo encierra una larga y trágica historia: el caucho, el “árbol que llora”, fuente de inmensa riqueza, y de la que los británicos no querían quedarse al margen.
    
Así pues, con la intención de prestigiar a su país y mantener activa la presencia británica en la región, Fawcett entró en relación con una selva misteriosa, que terminaría amando y en la cual dejaría sus propios huesos.
    
Las crónicas de sus viajes (que escribiera en 1924, un año antes de morir) se encuadran dentro de la denominada literatura de supervivencia, inaugurada con las grandes exploraciones del siglo XVI y que perdurará hasta bien entrado el siglo XX. 
    
En este género, el explorador/escritor se convierte en el héroe de su propio relato (igual que Edward Malone en la novela de Conan Doyle), describiendo las penurias, peligros y sucesos extraños de los que fuera testigo. A lo largo de las páginas de su libro, Fawcett hace desfilar los más variados productos del imaginario, esos que van desde las ciudades perdidas a las minas ocultas y de las tribus “blancas” a los monstruos. Así, el excéntrico explorador inglés, hace de la selva un escenario en donde toda proporción, toda norma, queda desequilibrada. El “infierno emponzoñado”, como él la denomina, es el símbolo mismo de la anarquía. Allí, la ley de los hombres  y de la naturaleza no tienen cabida. Todo es caos, desorden, nada es claro ni “ajustado a derecho”. Tanto la esclavitud por deudas (sufrida por los indios, en pleno siglo XX) como los actos de espantosa barbarie (cometidos impunemente por los empresarios del caucho o fugitivos alejados de la civilización) denotan que esas selvas son “otro mundo”; uno muy distinto del que Fawcett salía. 

Published: By: Analecta Literaria - 22:35

22/4/13

Witold Gombrowicz




Witold Gombrowicz

Contra los poetas*


Sería más delicado por mi parte no turbar uno de los pocos rituales que aún nos quedan. Aunque hemos llegado a dudar de casi todo, seguimos practicando el culto a la Poesía y a los Poetas, y es probablemente la única Deidad que no nos avergonzamos de adorar con gran pompa, con profundas reverencias y con voz altisonante... ¡Ah, Shelley! ¡Ah, Slowacki! ¡Ah, la palabra del Poeta, la misión del Poeta y el alma del Poeta! Y sin embargo, me veo obligado a abalanzarme sobre estas oraciones y, en la medida de mis posibilidades, estropear este ritual en nombre..., sencillamente en nombre de una rabia elemental que despierta en nosotros cualquier error de estilo, cualquier falsedad, cualquier huida de la realidad. Pero ya que emprendo la lucha contra un campo particularmente ensalzado, casi celestial, debo cuidar de no elevarme yo mismo como un globo y de no perder la tierra firma bajo mis pies.
   
Supongo que la tesis del presente ensayo: que a casi nadie le gustan los versos y que el mundo de la poesía en verso es un mundo ficticio y falseado, puede parecer tan atrevida como poco seria. Y sin embargo, yo me planto ante vosotros y declaro que a mí los versos no me gustan en absoluto y hasta me aburren. Me diréis quizá que soy un pobre ignorante. Pero, por otra parte, llevo mucho tiempo trabajando en el arte y su lenguaje no me resulta del todo ajeno. Tampoco podéis utilizar contra mí vuestro argumento preferido afirmando que no poseo sensibilidad poética, porque precisamente la poseo y en gran cantidad, y cuando la poesía se me aparece no en los versos, sino mezclada con otros elementos más prosaicos, por ejemplo, en los dramas de Shakespeare, en la prosa de Dostovieski o Pascal, o sencillamente con ocasión de una corriente puesta de sol, me pongo a temblar como los demás mortales. ¿Por qué, entonces, me aburre y me cansa ese extracto farmacéutico llamado “poesía pura”, sobre todo cuando aparece en forma rimada? ¿Por qué no puedo soportar ese canto monótono, siempre sublime, por qué me adormece ese ritmo y esas rimas, por qué el lenguaje de los poetas se me antoja el menos interesante de todos los lenguajes posibles, por qué esa Belleza me resulta tan poco seductora y por qué no conozco nada peor en cuanto estilo, nada más ridículo, que la manera en que los Poetas hablan de sí mismos y de su Poesía?

Published: By: Analecta Literaria - 03:53

16/4/13

Thomas Merton




Thomas Merton

Cristianismo y  Raza en EE. UU
[Los Bárbaros están entre nosotros] 

Traducción al español de Miguel Grinberg




1



Durante dos años ha habido en los Estados Unidos una incuestionable sensación de “kairos”: entre una minoría de cristianos alertas y progresistas se trata de una sensación de examen y oportunidad providenciales, mientras que entre otros (la mayoría más confundida) se trata de una sensación de combate apocalíptico. En el movimiento negro cristiano no-violento que guía Martín Luther King, el «kairos», el «tiempo providencial», ha sido asumido con una respuesta valerosa y esclarecida. La militancia negra no-violenta por los derechos cívicos ha sido una de las más positivas y exitosas  expresiones de acción social cristiana que se haya visto en parte alguna durante el siglo veinte. Ciertamente, se trata del más grande ejemplo de fe cristiana en acción a lo largo de la historia  social de los Estados Unidos.

Ha surgido casi enteramente de los negros, con el apoyo de algunos cristianos y liberales blancos. No cabe duda que el heroísmo cristiano exteriorizado por los negros durante la manifestación de  Birmingham, o la calma y el orden masivo de la Marcha sobre Washington en agosto de 1963, tuvieron mucho que ver con la promulgación del Acta de los Derechos Cívicos. Debe admitirse también, como ha señalado el líder no-violento negro Bayard Rustin, que sin la cristiana intervención de los protestantes y católicos blancos de todo el país, el Acta no habría sido votada. El hecho que haya  ahora una Ley de Derechos Cívicos garantizando, al menos “de jure”, la libertad de todos los ciudadanos para gozar equitativamente las ventajas del país, se debe a algo que en los Estados Unidos  podría llamarse tanto conciencia cristiana como conciencia humanitaria y liberal.

Sin embargo, la promulgación del Acta ha sacado a luz el problema real. La batalla por los derechos entra ahora en una etapa nueva y más difícil.

Hasta aquí, los bien intencionados y los idealistas dieron por sentado que si se aprobaba la legislación necesaria, las dos razas podrían «integrarse» más o menos naturalmente, no sin cierto  margen de dificultades, por supuesto, pero no por ello menos efectivamente. Tal idea daba por sentado también un respeto universal por la ley y el orden. Pero si hay algo que ha quedado  profusamente en claro a través de la prolongada y agria lucha del Sur para impedir que la legislación de los derechos cívicos fuera promulgada o ejecutada, es que tanto los legisladores como la policía, y por cierto todos aquellos a quienes puede llamarse «Establishment» («el establecimiento»), parecen ser los primeros en desafiar la ley o en ponerla de lado cuando sus propios intereses son amenazados.

Y entonces hay muchos que piensan que la no-violencia no ha logrado un éxito completo e incuestionable. Se la considera ilusoria y muy ingenua. Por ambas partes hay más y más charla sobre acción violenta, a medida que con mayor claridad se ve que la Ley de los Derechos Cívicos no ha solucionado realmente el problema racial y que en realidad la existencia del negro en el «ghetto» sólo ha quedado mejor y más estrictamentedefinida por su incapacidad para sacar ventajas de los derechos que le han sido concedidos demasiado tarde.

Durante la época de los «sit-in’s» (protestas-sentadas) alguien observó que si se hubiese atendido a los negros en los comedores ellos no habrían podido pagar la cuenta. Ahora que se les ha otorgado el derecho para entrar a cualquier hotel o a cualquier restaurante, eso no significa que dispongan del dinero para hacerlo, y cada vez se les hace más difícil conseguir empleo.

El negro es integrado por ley a una sociedad en la que realmente no hay sitio para él —aunque podría hacérsele espacio, sin la mayoría blanca fuera capaz de quererlo como hermano y conciudadano-. 

Pero hasta aquellos que teóricamente estuvieron en favor de los Derechos Cívicos se están volviendo concretamente reacios a aceptar al negro como vecino. Después de muchos años de combate amargo y de decepción, el negro tiene clara conciencia de ello, lo cual ha afectado seriamente sus actitudes. Durante trecientos años el negro ha sufrido quieta y pacientemente, creyendo a los pocos blancos que le aseguraban que al final se integraría con la sociedad blanca. Ahora que es integrado por ley y rechazado de hecho, su amargura se ha convertido en desprecio por una sociedad que se  le ha revelado con todos sus defectos y que ha monopolizado todos los beneficios. Ahora que el negro tiene plenos derechos como ciudadano estadounidense, tal vez después de todo no quiera esos  derechos. Quizá está comenzando a querer otra cosa —una oportunidad para descargar su amargura mediante la protesta— y mediante el sabotaje, en actos violentos que desbaratarían un “orden” social que a él le luce como vacío y fraudulento.

El problema es mucho más complejo, mucho más trágico que lo que la gente ha imaginado. Para empezar, hay algo que trasciende los Estados Unidos. Afecta al mundo entero. El problema racial en los Estados Unidos ha sido analizado (por ejemplo, escritores como Willian Faulkner) como un problema de culpa profunda por el pecado de esclavización. La culpa de la América blanca hacia el negro es simplemente otra versión de la culpa del colonizador europeo hacia todas las otras razas del planeta, ya sea en Asia, África, América o la Polinesia. La crisis racial de los Estados Unidos ha sido justamente diagnosticada como una “crisis colonial” dentro del país antes que en un continente lejano. Pero sin embargo, está íntimamente ligada a los problemas de Estados Unidos en el Sudeste asiático y en Latinoamérica, particularmente con Cuba.

Esto no parece haber sido suficiente o claramente percibido. El celo del presidente Johnson por los derechos cívicos no armoniza demasiado bien con sus actitudes belicistas en Viet Nam. En esto, el extremista de derecha Goldwater es más consistente, y podría decirse que Goldwater es tal vez más representativo del pensamiento de muchos estadounidenses “promedio” de lo que la gente cree.

Este no es un problema pequeño. Es una señal de que los estaunidenses tienden a contentarse con apreciaciones super-simplificadas y superficiales de un conflicto muy hondo, en el cual está  cuestionada la identidad y el futuro de su país, junto con la autenticidad de sus proclamas de  Democracia y Cristiandad. Pues aunque de hecho hay en los Estados Unidos una amplia cantidad de no creyentes, aquí la sociedad tiende a considerarse vagamente “cristiana”, y los políticos tienen el hábito de señalarlo orgullosamente. Lo perturbador es que algunos de los que se consideran a sí mismos como los creyentes más fervorosos son, en política, seguidores de un extremista como Goldwater.

Published: By: Analecta Literaria - 01:41

15/4/13

Pier Paolo Pasolini




Pier Paolo Pasolini: 
Una provocadora independencia

Luis Thonis




En 1980 se editó en Italia el libro Il Caos que reúne las notas que Pier Paolo Pasolini editó en el diario "Tempo". En 1968 le ofrecieron la columna, donde habían escrito Curzio Malaparte y Salvatore Quasimodo, entre otros.

Este diario, que podría considerarse de centro, para algunos supone un cambio en sus concepciones –o decepciones- ideológicas. Según su estilo, la redacción del diario acepta cartas de lectores y Pasolini se expone a la polémica directa.

De entrada un lector le reprochará haberse pasado de "Vie Nuove" –semanario del Partido Comunista – a "Tempo", y no hay mejor ejemplo para eso que sus recientes críticas al estalinismo a propósito de la invasión soviética a Checoslovaquia y la consecutiva masacre por el reclamo democrático en la cual Ian Palach se inmoló para llamar la atención mundial. Estos sucesos tienen su analogía con lo ocurrido anteriormente en Hungría y Polonia, suscitados por la gran crisis política e ideológica que comienza en 1956, con el informe Kruschev en el XX Congreso del Partido Comunista.

Al reconocerse los crímenes de Stalin se plantea una renovación resistida, en su mayor parte, por el mundo comunista.

Por eso Pasolini no vacila en leer como de corte netamente fascista las consignas de Fidel Castro –"actuar antes que pensar"- que exaltan la invasión, o mostrar sus reservas ante el militarismo que traslada las guerras coloniales de "liberación" –caso Vietnam, que no fue sino la expansión comunista del Norte hacia el Sur, siguiendo el libreto de Corea del Norte- a toda Latinoamérica, de modo particularmente suicida y fuera de contexto.
Published: By: Analecta Literaria - 21:58
 

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