4/11/08

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Guillermo Alberto Blanda

Homenaje

Guillermo Alberto Blanda
In Memoriam
(1973-2008)
Ramiro J. Lozano



Thou seemest human and divine,
The highest, holiest manhood, thou:
Our wills are ours, we know not how;
Our wills are ours, to make them thine.

Alfred Lord Tennyson, In memoriam


El 30 de septiembre de 2008 fue martes. Ese día la muerte tronchó una joven vida, la de Guillermo Alberto Blanda. La muerte de una persona siempre resulta dolorosa, pero la muerte de un joven duele todavía más porque nos enfrenta súbitamente con el lado más irreparable de la pérdida. Como negación de la vida, la muerte es algo que directamente nos impacta, es el acontecimiento supremo. Ante la muerte cada ser humano toma conciencia de su trascendencia por la simple razón que representa el final de toda existencia. Sabemos que cuando llega la muerte todo se acaba. Y aunque la fe o la esperanza de una sobrevida en el más allá nos traiga el consuelo, la muerte de un joven siempre nos será incomprensible y difícil de aceptar. ¿Qué sabemos de Guillermo Alberto Blanda?

Sabemos que fue un poeta, traductor, escritor y docente universitario rosarino. Profesor Adscripto a la asignatura Literatura Contemporánea en la Escuela de Letras de la Facultad de Humanidades y Artes de la Universidad Nacional de Rosario. Había nacido en Rosario el 28 de diciembre de 1973. En el 2006 completó los estudios correspondientes a la carrera de Profesor en Letras dictados en la Facultad de Humanidades y Artes de la Universidad Nacional de Rosario y en el 2008 se encontraba cursando su Licenciatura en Letras en la Facultad de Humanidades y Artes de la Universidad Nacional de Rosario. Fue miembro fundador y coordinador del Centro de Estudios Norteamericanos. En el 2007 fue miembro de la Comisión Organizadora y Coordinador de Mesa de Ponencias de las I Jornadas de Literatura Norteamericana: "El sueño americano. La literatura de EEUU desde la segunda posguerra hasta la actualidad". Participó en calidad de asistente y expositor en numerosas jornadas, congresos, seminarios y simposios. Tradujo del inglés, el italiano y el francés a diversos autores, entre ellos, S. T. Coleridge, T. S. Eliot, Raymond Carver, Leonard Cohen, Lou Reed, Giacomo Leopardi, Stéphane Mallarmé, Marc Angenot y J. M. Adam.



Con el pseudónimo de Guillo Percal publicó dos poemarios: Otras Yerbas, Poemas Lunáticos. Edición del Autor, Rosario, 1995 y Post Scriptum (en colaboración con Julián Sinopoli), Ciudad Gótica, Rosario, 1998. También publicó Maldita Antología. Recopilación y traducción de textos de los siguientes autores: William Blake, Edgar A. Poe, Charles Baudelaire, J. A. Rimbaud y Charles Bukowski. Edición del Autor, Rosario, 1998. Colaboró en diversas revistas literarias argentinas y extranjeras. Fue recompensado en diversas ocasiones: Primer Premio Festival de Poesía L'Erótica. Barcelona, España, 1997; Mención VI Certamen Internacional de Poesía Nuevo Ser (donde fue seleccionado para integrar con seis poemas la Antología Letras del Mundo 2004). Buenos Aires, 2004; Preseleccionado en la última ronda de finalistas del Concurso Hispanoamericano de Poesía y Cuento Corto "Gustave Flaubert", en la categoría cuento, para integrar la antología Voces Hispano-Hablantes en el Mundo. Editorial Trazo Literario, Córdoba, 2007; Finalista XIV Concurso Literario Leopoldo Marechal, tanto en poesía como en narrativa (distinción que le permitió integrar la Sexta Antología de Cuento y Poesía Leopoldo Marechal en ambas categorías). Municipio de Morón, Buenos Aires, 2007. Analecta Literaria quiere recordar a Guillermo Alberto Blanda publicando un texto de su autoría: "Un poco de amor francés: cronología novelada de la vida y obra -literaria- de un lobo-hombre", a modo de un sentido y modesto homenaje.




Boris Vian

Un poco de amor francés:
cronología novelada de la vida
y obra -literaria-
de un lobo-hombre.1

Guillermo Alberto Blanda
Universidad Nacional de Rosario




Cuenta la leyenda que hace ya algún tiempo, en Ville-d'Avray -una pequeña localidad turística de la Île-de-France-, tuvo lugar un célebre aquelarre con motivo de trazar el destino de quien sería el más mítico representante de aquel ignoto pueblo estival: el lobo-hombre. Se dice, también, que cada uno de los presentes elucubró, secretamente, un futuro distinto para el pagano neófito: músico, ingeniero, cantante, escritor, compositor, pintor, escultor, traductor, actor, periodista, inventor; tan basto era el número de posibilidades sugeridas que los confabuladores, amenazados por la inminencia del alba dominical, pactaron ecuánimemente y le otorgaron talento para todas, pero a un precio muy alto: el corazón de éste sería arrancado y entregado como sacrificio al Mago del Siam -heresiarca de aquellos- antes de la cuarta década de vida, antes del reconocimiento, antes de la admiración.

Corría el año 1920 y había nacido Boris Vian.


Pasan, digamos, veinticinco años, y el licántropo está comenzando a mamar de la bohemia parisina. Ya hace unos años que debutó, con el nombre apócrifo de Denis, en un burdel barato de Montmartre, ya tocó la trompeta en algún subterráneo club de jazz de Saint-Germain-Des-Près, ya colaboró con la prestigiosa Les temps modernes de Jean-Sol Partre2, ya se perfila como Sátrapa trascendente del Colegio de Patafísica. Ahora quiere más, su lado hiénido está hambriento y las víctimas elegidas son dos mamíferos disímiles: la hipopotámica moral de la sociedad francesa y la vampírica ceguera de la crítica literaria. Escribe, entonces, una saga de novelas negras (donde ya comienza a vislumbrarse su escritura ácida y rabiosa, con temas que van desde el racismo a la violencia sexual, pasando por la satirización de personajes famosos, como el presidente Truman, por ejemplo) bajo el pseudónimo de Vernon Sullivan -un supuesto autor de color estadounidense- y en las que él aparece sólo como traductor y prologuista. La respuesta es contundente: por un lado, una de las novelas3, Escupiré sobre vuestra tumba (1946), es prohibida por ultraje a las buenas costumbres; por el otro, la crítica jamás le perdonaría esta "pequeña broma" de su impostura.


Estamos ahora en 1947, año que marca un hito en la obra vianesca: aflora en su escritura un delirio surrealista enmarcado por un estilo insólitamente violento, plagado de imágenes revulsivas y piruetas lingüísticas que constituyen un sutil diorama de ingenio, invención y sarcasmo en las que el lector no tardará mucho en encontrar los dos grandes temas subyacentes en la literatura de Vian: el amor y la muerte. En ese año publica dos novelas4, una de las cuales, La espuma de los días, será calificada por Raymond Queneau como "la más desgarradora novela de amor contemporánea". En el prefacio a esta obra -fúlgida y desoladora metáfora de la aniquilación de la inocencia por medio de la inexorable expulsión del paraíso de cuatro personajes de alma adolescente-, el autor deja muy en claro su particular visión de la vida. Escribe:

"En realidad, sólo existen dos cosas importantes:
el amor, en todas sus formas, con hermosas mujeres,
y la música de New Orleans o de Duke Ellington."

Está comenzando la última década de su vida y Vian no lo presiente, lo sabe. Ahora, más que nunca antes, agota sus días, los exprime hasta la última lágrima de savia creadora. Escribe La hierba roja (1950), la mas autobiográfica de sus novelas: aquí Wolf, su alter-ego, emprende un viaje intro y retrospectivo valiéndose de un extraño aparato de su invención capaz de rebasar todas las fronteras de la realidad y el sueño. Una vez más, el gran polígrafo francés pone su incontenible fuerza poética al servicio de un mundo inexplorado.

Ya es 1953 y publica su obra máxima, El arrancorazones. En esta novela el autor parece asentado en un universo que le es finalmente propio, en un mundo de fábula poética que desborda ingenio y fantasía. La confrontación entre el mundo infantil y el adulto se carga de tensión, acidez y violencia; convirtiendo a los inolvidables personajes de Joël, Noël y Citroën en los estandartes contra la dominación materna, el psicoanálisis y el existencialismo, tan en boga en aquellos años. Un párrafo aparte para Jacquemort5, el siniestro psicoanalista siempre en busca de pacientes, de los que abusa tanto psíquica como físicamente.

Y, entonces... París, que siempre nos quedará, año 1959. En los seis años transcurridos, Vian continúa haciendo lo de siempre: escribe críticas de jazz, poemas, canciones6, cuentos7, guiones cinematográficos, libretos de ópera, obras de teatro8; canta, toca la trompeta...y se da el gusto de refutar fácticamente al mismísimo ex-rektor de Friburgo: es un ser para la vida cuya única posibilidad es la muerte.

La muerte, de eso hablábamos, y del 59. Dicen los hacedores de mitos impuros -léase biógrafos- que el corazón de Vian, tangamente cansado, no resistió la visión de la infiel adaptación cinematográfica que un despistado regista hizo de Escupiré sobre vuestra tumba. Aseguran los refutadores de leyenda -léase críticos- que al lupum se lo devoró su obra (¡menuda paradoja!). Sólo nosotros, los viananos a morir, sabemos la verdad. Sabemos la hora exacta en que lo recogió La Gloira9 para emprender el viaje final. Sabemos que le pagó con un trozo de carne y una copa de vino de Arbois, ya que donde aquél vive el oro no tiene valor alguno. Sabemos el lugar elegido por El Mago del Siam10 para recibirlo al otro lado de la orilla. Sabemos las palabras exactas que pronunció Denis11 -ya había dejado de ser Boris y Vernon para siempre- al entregarle su arrancado corazón (pero nos está vedado decirlas). Sabemos que consumado el sacrificio, dos hermosas mujeres con los ojos extirpados12 tomaron de cada una de sus garras al lobo-hombre y lo condujeron a una acogedora taberna, similar a las que pueden encontrar los viajeros en Ville d' Avray. Y sabemos, esencialmente, que la lengua mordaz de este lobo no es sincera, pero nos gusta oírla. Queremos más.




Notas

1 Analecta Literaria agradece a Sonia M. Yebara y a la Revista Espacio de Escritura de los Estudiantes de Letras de la Escuela de Letras de la Facultad de Humanidades y Artes de la Universidad Nacional de Rosario,por permitirnos publicar este texto de Guillermo Alberto Blanda. También queremos agradecer a Mariela Blanda, hermana de Guillermo, el envío de la foto y su permiso para publicarla.

2 Anagrama fonético con el que se refería socarronamente Vian a Jean-Paul Sartre.

3 Las otras son: Que se mueran los feos y Todos los muertos tienen la misma piel, también de 1946.

4 La otra es El otoño en Pekín.

5 En castellano "jaque mate".

6 Las más famosas son El desertor y Yo soy snob.

7 Los cuales publicará su viuda, Úrsula, bajo el título de El lobo-hombre (1970), volumen que incluye los notables "El amor es ciego" y "Los perros, el deseo y la muerte".

8 Entre las que cabe destacar Los fundadores del imperio (1959).

9 Personaje de El arrancorazones que posee características similares al Caronte griego.

10 Personaje del cuento "El lobo-hombre", incluido en el libro homónimo.

11 Idem nota 10.

12 Alusión al cuento "El amor es ciego", ya mencionado.

Christian G. Binderfeld

Revista de Letras, Ideas, Artes y Ciencias.

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